Sobre el regreso

 
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Piedrín siempre ha sido una serie de textos ocasionales, una colección de pequeñas observaciones, piedrecillas que tal vez lleven a construir algo, aunque sólo sea para mí. No reivindico su utilidad para nadie más, en ningún otro lado. No se ajusta a un calendario de publicación exhaustivo, de publicar por publicar. Es un proyecto tranquilo, un espacio la reflexión personal en conversación con algunos artistas, destinado a un puñado de lectores, la mayoría de ellos amigos míos. No me hago ilusiones de que este sea un proyecto necesario para nadie, de que aquí haga falta, ni siquiera de que me quieran. Al contrario, sencillamente, estoy aquí. Cometiendo mis propios errores, re-enmarcando mis propias preguntas, tomando algo de espacio para respirar, y regresando. Así que, aquí estoy, después de algo de ausencia. Hola a todos otra vez.

Al acabar el año pienso por qué hacemos lo que hacemos, ¿por qué seguimos escribiendo sobre arte, leyendo sobre arte, leyendo, creando, escribiendo mientras el mundo arde? Hace dos días volví a la Ciudad de Guatemala tras una ausencia inesperada que duró varios meses. Me fui en agosto por motivos de trabajo y de salud, y cuando me fui lo hice derrumbada anímicamente a causa de ciertos encuentros en el mundo del arte, ese territorio terrible que puede ser tan brutal con sus habitantes. He pensado mucho en la especificidad cultural de la confianza y de la amistad, las maneras en las que sus ecos resuenan de forma diferente según el contexto histórico; en lo ínfimo de las acciones que genera mi trabajo ante un mundo desconfiado; en cómo seguir siendo vulnerable y sincera sin que me aplasten. Esa pregunta es el eje de mi práctica como escritora, curadora e historiadora.

Volví hace unos días y me encontré el Festival Navideño ocupando el Parque Central, la Sexta Avenida casi intransitable. Volví a encontrar el memorial a las niñas quemadas en el Hogar de la Virgen, que seguía en la plaza, sus asesinatos todavía sin resolver.  Regresé a los fuegos artificiales y los conciertos de las Fiestas, la inexplicable pista de patinaje sobre hielo desafiando los días calurosos y soleados en ese esfuerzo artificial por crear una navidad imaginada en otra geografía. Volví a encontrar los mismos chismes en el mundo del arte, la misma división, las dudosas amistades. Volví con maletas llenas de obras de arte de la exposición Acts of Aggression (Agresiónes), y con materiales de arte para algunos artistas, libros para otros, cosas que alguna gente me pidió que buscara y le trajera. Agradezco haber tenido el lujo de irme, agradezco a aquellos que me han abierto sus puertas al volver. Es una época para la gratitud, y estoy agradecida por ustedes, lectores, quienes sean, aunque sólo me lean para acumular munición.

En Houston me descubrí pensando el uso de la experiencia personal como práctica crítica más amplia, como sistema político de creencias que informa toda mi obra. Había pensado que, en la estela del movimiento feminista ya no era necesario defender este tipo de práctica, pero también me había imaginado muchos legados del movimiento feminista que en los últimos meses han sido destruidos estrepitosamente. O tal vez siempre fueron imaginados … imaginariencias, en palabras del artista de Houston Nathaniel Donnett (me gusta como inventa su propia palabra para nombrar universos alternativos imaginarios en un mundo que niega toda una amplitud de categorías de experiencia). En la oficina de mi oftalmólogo me piden que llene un cuestionario que incluye una serie de categorías de trabajo y pasatiempos en las que no se incluye nada que tenga que ver con mi vida ni a mi salud visual. No soy ama de casa o una mujer de negocios. Mis propias categorías de experiencia son invisibles, aquí y allí. Y, sencillamente, por eso escribo. 

Las palabras de Ana María Rodas se convierten en un manifiesto en defensa de lo personal.

Dijeron que un poema
debería ser menos personal;
que eso de hablar de tú o de yo
es cosa de mujeres.
Que no es serio.
Por suerte o por desgracia
todavía hago lo que quiero.
Quizá algún día utilice otros métodos
y hable in abstracto.
Ahora sólo sé que si se dice algo
debe ser sobre tema conocido.
Yo sólo soy sincera –y ya es bastante–
hablando de mis propias miserias y alegrías
puedo contar que me gustan las fresas,
por ejemplo,
y que algunas personas
me caen mal por hipócritas, por crueles
o simplemente porque son estúpidas.
Que no pedí vivir
y que morir no es algo que me atraiga
excepto cuando me hallo deprimida.
Que estoy hecha
sobre todo
de palabras.
Que para poder manifestarme
uso tinta y papel a mi manera...

Así, terminamos este año. No tengo nada más que ofrecer que estas piedrecillas que puedes tirarme de vuelta, hacer polvo, o recolectar como quieras. Todo lo que ofrezco, totalmente consciente de su insignificancia, es mi presencia, algunos pensamientos, algo de resistencia tácita. Nunca es suficiente para detener la inercia de la violencia, el legado de la historia, tanto la personal como la nacional. Apenas es suficiente para calmar un rato las mareas de mi propia desesperación. Quiero un futuro mejor, quiero que se desagravie el pasado, que haya ternura, aún mientras reconozco lo inmaduro de estos deseos. Por eso escribo. Quiero esto para ti, y para mí, por aquellos que hemos perdido, y por nosotros.   

- LALW