Hacer y nombrar
por Reyes Josué Morales

 

En el año dos mil doce, decidí nombrar la obra “Calentar los huesos” como un “acto comunitario” en lugar de utilizar la palabra performance. Nombrar es un acto crucial, pues denota cómo se vive algo y para mí fue muy significativo denominar esa obra desde lo que consideré un lenguaje cotidiano, utilizado dentro de mi familia y también porque en ese año estaba realizando un servicio comunitario, lo que me permitió un acercamiento más directo con prácticas político/culturales desconocidas para mí.  Aunque mis reflexiones sobre lo comunitario y lo local venían dándose desde tiempo atrás, el hecho de conocer más de cerca la organización comunitaria de Totonicapán fue un estímulo impactante.  

Para mí usar la palabra “comunidad” en ciertos  procesos artísticos es como tender un puente con prácticas de vida que se han dejado de ver por ser “comunes y corrientes”, porque nos hemos alejado de ellas o porque están estigmatizadas por su origen indígena, pero que desde mi punto de vista contienen mucho conocimiento sobre la salud, la organización social, el territorio, la transmisión generacional, el trabajo cotidiano, la política y la estética. 

Lo “comunitario” es un enorme tejido en el que se incluyen por ejemplo: jornadas de trabajo convocadas por el comité correspondiente para tratar temas del agua, largas reuniones en salones comunales para discutir y tomar decisiones sobre el alza en el cobro de la energía eléctrica, designación de comisiones para apoyar gestiones en la escuela, resolución de conflictos familiares, cuidado y protección de los bosques, los baños de agua caliente, resguardo de documentos antiguos, participación en protestas políticas, organización de fiestas, celebración de rituales.  También es necesario saber que lo comunitario tiene sus sombras, sus dificultades, sus conflictos, paradojas y complejidades. 

Tomar progresivamente más conciencia del contexto comunitario de Totonicapán y en  general del Altiplano de Guatemala y sus vínculos culturales con países como México y Perú, me ha llevado a buscar una sintonización de mis procesos artísticos con lo comunitario, intentando ir más allá de una noción de lo comunitario que se etiqueta como  “lo rural/pobre” o “el trabajo que se hace para los indígenas” etc. Lo comunitario va más allá, es una forma de hacer, es una respuesta cultural, es una reacción social, es una estrategia organizativa, es una negativa o una negociación política  frente a prácticas y estructuras de un estado excluyente, represor y racista. 

¿Qué antiguas y nuevas formas de arte podemos encontrar?

¿Qué intercambios se pueden gestar entre arte contemporáneo, política, salud y convivencia desde una perspectiva comunitaria en contextos “urbanos”?

¿Qué implicaciones en la producción de arte pueden existir a partir de la interpelación derivada de las prácticas comunitarias y sus procesos organizativos, colectivos y sus formas de hacer y nombrar?

Indagar, integrar o practicar lo comunitario nos puede llevar por senderos apenas recorridos o ni siquiera sospechados.

Reyes Josué Morales
Totonicapán febrero de 2017
http://cargocollective.com/ojodevenado

“Ofrenda”
Acto colectivo en el kilometro 169 en memoria de la masacre del 4 de octubre
K’astajinem 2014
Foto: Carlos Cano